El XVII Congreso de Innovación de la Comunitat Valenciana reunió a más de 200 organizaciones en el Hotel SH Valencia Palace: empresas, instituciones, universidades, asociaciones empresariales y profesionales de distintos sectores para reflexionar sobre un concepto que atravesó toda la jornada: la necesidad de construir organizaciones antifrágiles, capaces no solo de resistir el cambio, sino de salir reforzadas de él.
La jornada se articuló en torno a un lema especialmente oportuno: “Empresas antifrágiles: organizaciones que mejoran con el cambio permanente”. Desde el inicio, la presentadora introdujo la metáfora del bambú: una planta aparentemente frágil porque se curva con el viento, pero extraordinariamente resistente y utilizada incluso como estructura de andamiaje. Esa imagen sirvió para plantear una de las ideas centrales del congreso: las organizaciones actuales no pueden limitarse a permanecer rígidas ante la incertidumbre; deben desarrollar flexibilidad, capacidad de escucha y fortaleza interior para adaptarse, corregir y mejorar.
El Congreso fue organizado por el Club para la Innovación de la Comunidad Valenciana y contó con el respaldo de un ecosistema empresarial e institucional diverso. Los patrocinadores principales fueron Alberta Norweg, CaixaBank y Consultia Business Travel. Como patrocinadores participaron AuraQuantic, Cazorla Group, Padima y Sanitas, junto al apoyo institucional de Cámara Valencia, IVACE+i y Generalitat Valenciana. También estuvieron presentes entidades colaboradoras y medios como Valencia Plaza, Economía 3, APD, El Círculo Directivos de Alicante, Club Excelencia en
Gestión y FEBF.
Apertura institucional: innovación, colaboración y monetización del conocimiento

La apertura institucional situó desde el primer momento la innovación como una necesidad práctica y no como una declaración abstracta. Paco Gavilán, presidente del Club Innovación y presidente de Nunsys Group, agradeció el trabajo de organización y puso el acento en el valor del Club como espacio multisectorial, cercano y útil para provocar colaboración real entre empresas de la Comunitat Valenciana.
Su intervención tuvo un tono muy directo: la innovación debe servir para generar oportunidades, negocio, colaboración y crecimiento. Insistió en que los encuentros como el Congreso no deben limitarse a escuchar casos de éxito, sino que deben servir para que las empresas asistentes se conozcan, colaboren, imiten, adapten y monetizen la innovación. Recordó que el Club tiene una naturaleza especialmente valiosa porque agrupa a empresas de sectores distintos, con capacidad de aprender unas de otras y de generar vínculos útiles más allá del escenario.
Felipe Pulido, director comercial de empresas de CaixaBank en la Territorial de la Comunidad Valenciana y Región de Murcia, destacó el compromiso de CaixaBank con la innovación y con el Club, del que la entidad se ha incorporado como socio. Explicó que CaixaBank trabaja la innovación tanto en la relación con clientes como en su propia estructura interna, poniendo como ejemplo la existencia de CaixaBank Tech y los programas internos de inteligencia artificial, plataformas cognitivas y adopción de herramientas como Copilot. Subrayó que una organización grande necesita que la innovación sea escalable, regulatoriamente sólida y éticamente rigurosa, especialmente cuando maneja datos sensibles.
José María Martínez, presidente de APD Levante y del Grupo Simetría, enmarcó el Congreso en una época de transformación acelerada, incertidumbre económica y necesidad de adaptación permanente. Su mensaje fue claro: la innovación ya no es una opción estratégica, sino una condición para crecer, competir y seguir siendo relevantes. Valoró que el Congreso no abordara la innovación desde la teoría, sino desde la experiencia directa de empresas y sectores que viven la transformación en primera línea. Señaló tres ámbitos clave: la inteligencia artificial como herramienta para mejorar productividad y decisiones, la innovación en servicios como capacidad de escucha y adaptación al cliente, y la industria como ecosistema dinámico donde tecnología, automatización y sostenibilidad son esenciales para competir.
Eduardo Pascual, secretario autonómico de Innovación, reforzó la importancia de la colaboración público-privada y del papel de la innovación como motor territorial. Su intervención conectó la acción institucional con la capacidad de las empresas y organizaciones para construir un ecosistema que no funcione por compartimentos aislados, sino mediante colaboración entre conocimiento, empresa, administración y sociedad.
Joaquín Membrado, secretario general del Club Innovación y CEO de E&D, presentó la estructura de la jornada, agradeció a patrocinadores, socios y equipo organizador, y subrayó la evolución del Congreso hacia un formato cada vez más basado en mesas de diálogo. Esta evolución refleja la propia madurez del ecosistema: menos discursos unidireccionales y más conversación entre sectores, experiencias y modelos de innovación. También destacó la importancia del crecimiento del Club y el papel de sus socios como base real de continuidad.
Ponencia de CaixaBank: Luis Pinheiro y la economía global ante IA y geopolítica
La primera ponencia inaugural corrió a cargo de Luis Pinheiro, economista de CaixaBank Research, bajo el título “IA y geopolítica: la economía global en búsqueda de nuevos equilibrios”.
Su intervención aportó una mirada macroeconómica y geopolítica. Partió de una constatación: la inteligencia artificial no puede entenderse de forma aislada, porque está apareciendo en un momento de reconfiguración profunda de la economía global. La geopolítica ha vuelto al centro de las decisiones económicas y empresariales. Las cadenas de suministro, las materias primas, la energía, la tecnología, los aranceles, la autonomía estratégica y la competencia entre bloques están condicionando el desarrollo de las empresas y de los países.
Pinheiro explicó que la economía global se encuentra en una fase de búsqueda de nuevos equilibrios. Europa parte de una situación razonablemente buena en algunos indicadores, pero con importantes incertidumbres: la recuperación alemana, la inflación, el impacto de las políticas fiscales, la inversión en defensa, la transición energética y la propia capacidad europea para no quedar rezagada en tecnologías críticas.
Uno de los ejes más relevantes de su intervención fue la comparación entre Estados Unidos, China y Europa. Señaló que Estados Unidos mantiene una posición dominante en infraestructura tecnológica vinculada a la inteligencia artificial, con una fuerte capacidad inversora, centros de datos y ecosistemas de innovación. China aparece como potencia especialmente fuerte en robótica, bienes tecnológicos, componentes industriales, baterías, vehículos eléctricos, generadores eólicos y cadenas de suministro vinculadas a materias primas estratégicas. Europa, por su parte, no aparece tan mal posicionada en adopción y difusión de determinadas tecnologías, pero sí arrastra una brecha importante en infraestructura, productividad e innovación.
El ponente conectó esta situación con los informes Draghi y Letta, que han diagnosticado debilidades estructurales de la economía europea: falta de productividad, fragmentación del mercado, menor capacidad de escala y retrasos en innovación. En ese contexto, la IA aparece como una oportunidad de mejora, pero también como un riesgo de dependencia tecnológica.
Pinheiro señaló que muchos estudios apuntan a que la IA puede elevar la productividad de determinadas tareas de forma muy relevante, incluso con mejoras muy altas a nivel micro. Sin embargo, advirtió que el impacto macroeconómico todavía es incierto: una cosa es que una herramienta mejore la productividad en tareas concretas y otra que esa mejora se traslade a ocupaciones, organizaciones y economías completas. Para que esto ocurra, será necesario que las empresas adopten la IA con rapidez, que los cambios organizativos acompañen a la tecnología y que las personas integren nuevas formas de trabajar.
La conclusión de la ponencia fue que estamos ante una década de alto potencial, pero también de alto riesgo. La IA puede convertirse en una palanca de productividad, pero el contexto geopolítico puede generar dependencias, desequilibrios y tensiones. La economía global entra así en una etapa donde la innovación tecnológica y la geoeconomía estarán profundamente entrelazadas.

Ponencia de Consultia Business Travel: Juan Manuel Baixauli y la IA como herramienta práctica
La segunda ponencia inaugural fue impartida por Juan Manuel Baixauli, CEO y fundador de Consultia Business Travel, bajo el enfoque “IA: de amenaza a herramienta”. Frente a la mirada macroeconómica anterior, Baixauli bajó al terreno práctico y empresarial, explicando cómo Consultia está aplicando inteligencia artificial en procesos reales vinculados al viaje corporativo.
Su primera idea fue tajante: no se puede aplicar inteligencia artificial si la empresa no tiene datos. Para Baixauli, hablar de IA sin haber digitalizado la información es construir sobre vacío. Utilizó un ejemplo sencillo, el de un billete de tren. En papel es solo un documento; en un repositorio digitalizado se convierte en dato. Y cuando una empresa gestiona miles de viajes, pequeñas diferencias de precio, gestión o eficiencia pueden representar ahorros muy importantes.
Explicó que la IA necesita poder leer primero los datos propios de la organización. Puede analizar fuentes públicas, sectoriales o globales, pero si no tiene acceso a los datos internos de la empresa, su capacidad real se reduce enormemente. A partir de ahí, presentó dos líneas de trabajo: una IA capaz de visualizar datos y actuar sobre ellos, y otra IA capaz de entrar en procesos concretos de la empresa para gestionarlos.
Uno de los ejemplos más claros fue el proceso de liquidación de billetes de tren. Relató cómo antes una persona podía dedicar mucho tiempo a introducir manualmente datos procedentes de PDFs. Cuando esa tarea cayó en manos de un perfil informático, la pregunta fue inmediata: “¿por qué tengo que picar estos datos?”. Ese cambio de mirada permitió automatizar un proceso que antes se aceptaba como normal. El ejemplo sirvió para mostrar que muchas ineficiencias no se detectan porque quienes las ejecutan las han asumido como parte natural del trabajo.
Baixauli presentó varios casos de uso aplicados al negocio de Consultia. El primero fue la monitorización de incidencias globales que puedan afectar a viajeros: huelgas, terremotos, tsunamis, bloqueos urbanos o situaciones geopolíticas. La IA puede cruzar información pública internacional con los datos internos de viajeros y saber si hay clientes en una zona afectada, permitiendo actuar de forma proactiva.
El segundo caso fue la personalización de la experiencia del viajero. La empresa trabaja con perfiles de usuario que incorporan preferencias personales: tipo de comida, presupuesto, intereses culturales, idioma, ubicación del hotel o gustos de ocio. Con esos datos, la IA puede generar recomendaciones personalizadas sobre restaurantes, exposiciones, información práctica, moneda, clima o eventos en destino, adaptando la experiencia al viajero y a sus circunstancias.
El tercer caso fue la gestión de correos electrónicos. Baixauli explicó que, aunque la mayoría de productos están disponibles online, gran parte de las solicitudes de clientes siguen llegando por email. La IA puede leer esos correos, transformarlos en instrucciones estructuradas, cruzarlas con políticas de compra, perfiles personales, datos de empresa y disponibilidad en tiempo real, para generar respuestas inmediatas. Esto puede multiplicar la productividad del equipo y mejorar la experiencia del cliente sin eliminar completamente la supervisión humana.
Su ponencia dejó un mensaje muy práctico: la inteligencia artificial no debe verse como una amenaza abstracta, sino como una herramienta de productividad, personalización e inmediatez, siempre que la organización haya digitalizado bien sus datos y sepa en qué procesos quiere aplicarla.

Primera mesa: Sector Servicios
“La innovación como resultado de escucha y análisis”
La primera mesa de diálogo estuvo dedicada al sector servicios, bajo el título “La innovación como resultado de escucha y análisis”. Fue moderada por Eva Toledo y contó con la participación de representantes de IMED Hospitales, Valencia Plaza, Retail sin excusas y Quibim.
La moderadora comenzó destacando que la innovación en servicios suele estar menos visibilizada que la innovación industrial o de producto, porque resulta más intangible. Sin embargo, recordó que el peso de la innovación en servicios es muy relevante y que la frontera entre industria y servicios se está diluyendo. Cada vez más industrias prestan servicios de mantenimiento, consultoría, atención posterior y soluciones integrales, mientras que los servicios incorporan tecnología, datos, espacios físicos y procesos cada vez más sofisticados.
Desde el ámbito sanitario, la intervención de Quibim fue especialmente relevante. La compañía se presentó como una spin-off surgida del entorno hospitalario valenciano, con origen en la necesidad de mejorar los procesos de radiología y análisis de imagen médica. La idea central fue que la IA y el machine learning permiten ir más allá de la lectura visual humana, detectando y cuantificando información en TAC, resonancias y otras imágenes médicas. La innovación no consiste solo en ver mejor, sino en medir mejor, generar biomarcadores cuantitativos y aportar información útil para diagnóstico, seguimiento y toma de decisiones clínicas.
Se explicó que Quibim ha desarrollado soluciones con base científica, validación clínica, evidencia técnica y marcado CE como producto sanitario, con el objetivo de beneficiar al paciente, al clínico, a las familias y al sistema hospitalario. La mesa subrayó la importancia de la colaboración público-privada, la relación con hospitales, universidades y centros de investigación, y el enorme coste regulatorio y de validación que supone innovar en salud.
Conchita Lucas, desde Valencia Plaza, abordó la innovación en comunicación y medios. Explicó cómo los profesionales procedentes del papel tuvieron que adaptarse a una forma de comunicar digital, más inmediata, segmentada y adaptada a distintos soportes. La información ya no se consume de una única manera ni en un único canal. Redes sociales, plataformas digitales, formatos breves, titulares, boletines y contenidos adaptados obligan al medio a entender cómo, cuándo y dónde quiere informarse el público.
Al mismo tiempo, la mesa introdujo un debate relevante sobre segmentación, burbujas informativas, fake news, contenidos de bajo valor y credibilidad. La innovación en comunicación no puede limitarse a producir más contenido o adaptar formatos; debe preservar la confianza, la calidad periodística y la capacidad del medio para sostener una relación creíble con su audiencia.
Carmen Moreno, desde Retail sin excusas, aportó la perspectiva del comercio y la experiencia de cliente. La innovación en retail se presentó como una combinación entre escucha, análisis de datos, conocimiento del consumidor, experiencia de compra, diseño del punto de venta y capacidad de adaptación. La tienda ya no puede entenderse solo como un lugar de transacción, sino como un espacio donde la marca debe interpretar comportamientos, responder a necesidades cambiantes y competir en un mercado global. Los datos permiten entender mejor quién es el cliente, cuándo compra, qué espera y cómo dirigirse a él.
En conjunto, la primera mesa dejó una idea clara: en servicios, la innovación empieza escuchando mejor. Escuchar al paciente, al lector, al consumidor o al usuario. Pero esa escucha debe transformarse en análisis, evidencia, experiencia y mejora continua. La innovación en servicios no siempre se ve como una máquina nueva o un producto físico, pero puede ser decisiva para transformar la relación entre organización y cliente.

Presentación de los IX Premios a la Innovación
Antes del café y networking, Joaquín Membrado presentó los IX Premios a la Innovación, vinculados a la Noche de la Innovación. Se recordó la importancia de estos premios como instrumento para reconocer buenas prácticas, visibilizar proyectos innovadores y reforzar la cultura de innovación dentro del tejido empresarial valenciano.
La presentación sirvió también para reforzar una idea recurrente en toda la jornada: la innovación necesita reconocimiento, difusión y ejemplos concretos. Las organizaciones aprenden también viendo qué hacen otras, cómo lo han hecho, qué
dificultades han superado y qué resultados han obtenido.

Segunda mesa: Sector Industria
“Industria adaptativa: innovación en movimiento”
Tras el café y networking, la segunda mesa se centró en la industria, bajo el título “Industria adaptativa: innovación en movimiento”. Participaron Zulema Beresaluce, directora general de Aceitunas Cazorla; José Manuel Orta, presidente del Grupo Mettecno/Agfra; Daniel Benedito, director general de Viccarbe; y Carlos Llombart, Chief Customer & Corporate Strategy Officer de Power Electronics. Moderó José Guillermo Berlanga, director corporativo de Innovación del Grupo Nealis.
La mesa partió de una idea muy clara: la industria opera en un terreno de cambio continuo, con presión geopolítica, regulatoria, tecnológica, energética, comercial y de cliente. La industria debe revisar procesos sin detener la producción, incorporar tecnología sin perder eficacia y competir en mercados globales cada vez más exigentes.
Zulema Beresaluce explicó que, para Aceitunas Cazorla, la innovación es una herramienta de competitividad. La compañía trabaja especialmente la innovación de producto, con foco en mercados, tendencias y creación de soluciones adaptadas. También destacó la importancia de la calidad, la eficiencia y el packaging, tanto por exigencias regulatorias como por iniciativa propia. La innovación de proceso se articula de forma transversal, atendiendo a los puntos de dolor detectados por las áreas de negocio.
En el ámbito de industria 4.0, Aceitunas Cazorla expuso proyectos vinculados a eficiencia, vehículos autónomos para tráfico interno de mercancías y palés, sensorización y automatización de planta. La compañía ha pasado de un modelo correctivo —analizar qué ocurrió ayer— a un modelo de información en tiempo real, con el reto de estructurar todos esos datos para avanzar hacia modelos predictivos. También se habló de sostenibilidad, recuperación de salmueras, economía circular y nuevos enfoques de producto vinculados a la saludabilidad de la aceituna y a la usabilidad del packaging para generar nuevos momentos de consumo.
Carlos Llombart, desde Power Electronics, explicó que su sector obliga a innovar. La empresa no entiende la innovación solo como producto, proceso o gestión, sino como un enfoque holístico. La innovación en producto obliga a innovar en proceso, y ambas deben integrarse en el ADN cultural de la compañía. Destacó la necesidad de que todas las personas, desde cualquier área, se sientan llamadas a innovar en su función.
Power Electronics presentó también su plataforma Power On Support, un software que conecta producto en campo, cliente y organización. Esta herramienta permite gestionar flotas, obtener información de los equipos, anticipar incidencias mediante inteligencia artificial y retroalimentar el diseño del producto a partir de la experiencia real del cliente. Es un ejemplo claro de servitización industrial: una empresa que produce tecnología, pero que también construye servicios alrededor del producto para mejorar la relación con el cliente y el aprendizaje interno.
Daniel Benedito, desde Viccarbe, defendió el diseño como herramienta estratégica de diferenciación. En un sector tradicional y artesanal como el mueble, la compañía ha logrado convertir el diseño, la sostenibilidad, la funcionalidad, la ergonomía y la durabilidad en una propuesta de valor reconocible internacionalmente. Destacó que Viccarbe lleva años vendiendo la mayor parte de su producción fuera de España, con presencia diversificada en numerosos países.
Viccarbe ha orientado históricamente gran parte de sus recursos de innovación al producto, pero en los últimos años ha innovado también en comercialización, prescripción a arquitectos e interioristas y transformación digital. La empresa ha incorporado un responsable de innovación y trabaja en proyectos donde la IA puede acelerar el diseño, la generación de acabados, la puesta en escena, los ambientes, los soportes gráficos, catálogos, propuestas y presupuestos. También se destacaron productos premiados y el uso de materiales que facilitan la reciclabilidad.
José Manuel Orta, desde Grupo Mettecno/Agfra, explicó que en su caso la innovación es una realidad imprescindible. En Agfra, ingeniería con un alto porcentaje de ingenieros en plantilla, el producto es cambiante y exige innovación constante. En Mettecno, la innovación se concentra más en procesos. Orta fue muy claro: si las pymes no innovan, desaparecerán. La innovación no es un complemento, sino una condición de supervivencia y adaptación.
La mesa industrial dejó como conclusión que la innovación en industria no es un concepto único. Puede estar en el producto, en el proceso, en la organización, en la sostenibilidad, en la servitización, en los datos, en la IA, en la diversificación sectorial o en la cultura interna. Pero en todos los casos exige anticipación, transversalidad y capacidad para convertir la tecnología en productividad real.

Tercera mesa: Sector Tecnológico
“Del vértigo a la ventaja competitiva”
La tercera mesa, moderada por Santiago de Taranco, vicepresidente del Club Innovación, presidente de Alberta Norweg y presidente de Innoconstruc, abordó el sector tecnológico bajo el título “Del vértigo a la ventaja competitiva”. Participaron Enrique Ortiz, CTO de AuraQuantic; Empar Martínez Bonafé, secretaria general de FEMEVAL; Carla Lledó Pombo, responsable de Digital Health de Sanitas; y Rosa Donat, comisionada del Rector de la Universitat de València para Asuntos Estratégicos.
La mesa tuvo una naturaleza especialmente híbrida. No era una mesa tecnológica en sentido estricto, sino una conversación transversal entre empresa tecnológica, federación empresarial, gran organización sanitaria y universidad. Esa diversidad permitió abordar la innovación desde cuatro planos complementarios: procesos y automatización, tejido empresarial e industria, salud y prevención, y conocimiento, formación y transferencia.
El punto de partida fue el vértigo tecnológico. La inteligencia artificial, la automatización, el dato, la regulación, la ciberseguridad, la salud digital, el talento y el cambio cultural avanzan a una velocidad que muchas organizaciones no siempre saben gestionar. La cuestión no era si hay que innovar, sino cómo transformar la aceleración tecnológica en ventaja competitiva.
Enrique Ortiz aportó la visión de AuraQuantic, centrada en automatización, procesos, no-code, low-code, inteligencia artificial y gobierno tecnológico. Su enfoque conectó con una idea que recorrió toda la jornada: la tecnología solo genera valor cuando se aterriza en procesos concretos, medibles y escalables. La innovación no consiste en comprar herramientas, sino en identificar problemas reales, automatizar tareas de valor, integrar datos y permitir que las áreas de negocio participen en la transformación.
Empar Martínez Bonafé, desde FEMEVAL, llevó el debate al terreno del tejido empresarial real. Para muchas empresas, especialmente pymes industriales, el vértigo no está solo en la tecnología, sino en la falta de tiempo, talento, recursos, cultura interna y capacidad de adopción. La innovación necesita estructuras intermedias que acompañen a las empresas, traduzcan la tecnología a su realidad y conecten necesidades empresariales con formación, administración, centros tecnológicos y universidad. FEMEVAL aparece así como un puente entre empresas, talento, industria y competitividad sectorial.
Carla Lledó Pombo, desde Sanitas, introdujo la perspectiva de la salud digital. En sanidad, la innovación tecnológica tiene que gestionarse con especial sensibilidad porque afecta a personas, datos, confianza y bienestar. Su intervención puso el foco en el paso de una sanidad reactiva a una sanidad preventiva, personalizada y apoyada en datos. La tecnología debe permitir anticiparse, acompañar y mejorar la experiencia del paciente, sin perder humanidad. La innovación en salud no se mide solo por eficiencia, sino por confianza, prevención y calidad de vida.
Rosa Donat aportó la visión universitaria. La Universitat de València representa un ámbito de innovación muy amplio, que no se limita a la tecnología: medicina, economía, derecho, ciencias, matemáticas, humanidades, salud pública, empresa, educación y muchas otras disciplinas. Donat defendió la necesidad de conectar conocimiento, talento, investigación, empresa y administración, y de formar personas capaces de aprender de forma continua, trabajar entre disciplinas y abordar problemas complejos. La universidad debe participar no solo al final del proceso de transferencia, sino desde la definición inicial de los retos.
La mesa dejó varias ideas fuerza: la innovación tecnológica genera vértigo cuando se percibe como amenaza externa; se convierte en ventaja competitiva cuando se integra en procesos, talento, confianza y conocimiento. La adopción tecnológica es más difícil que el acceso a la tecnología. El ecosistema valenciano necesita colaboración real entre empresas, asociaciones, universidad, administración y sociedad. Y las organizaciones que salgan reforzadas serán las que aprendan más rápido, colaboren mejor y pongan la tecnología al servicio de las personas.
Clausura: propósito, confianza y ecosistema colaborativo
La clausura institucional cerró el Congreso elevando las conclusiones de la jornada. Ignacio Babé, director general-CEO del Club Excelencia en Gestión, planteó una reflexión especialmente potente sobre la diferencia entre resiliencia y antifragilidad. La resiliencia consiste en volver al punto de partida después de un golpe. La antifragilidad, en cambio, implica salir mejor de lo que se entró.
Babé identificó tres rasgos de la empresa antifrágil. El primero, el propósito como brújula, no como decoración. Las organizaciones que tienen claro su porqué pueden cambiar de camino sin perderse. El segundo, la confianza como infraestructura. Sin confianza no hay experimentación, aprendizaje ni innovación real; solo innovación de despacho cerrado. El tercero, el ecosistema colaborativo. Ninguna organización es antifrágil en solitario: lo es en red, en diálogo con universidades, administraciones, empresas, competidores y colaboradores.
También vinculó estos elementos con la gestión humanista. La excelencia, la competitividad y la tecnología solo tienen sentido si las personas crecen con la organización, no a pesar de ella. La innovación verdadera no es la que produce un único momento de sorpresa, sino la que convierte cada nueva sorpresa en una oportunidad de mejora.
Salvador Coll, vicerrector de Innovación y Transferencia de la Universitat Politècnica de València, felicitó al Club y reafirmó el compromiso de la UPV con el tejido productivo valenciano, la transferencia de conocimiento, el talento y la construcción de una Comunitat Valenciana más competitiva, abierta y preparada para el futuro.
Isabel Giménez, vicepresidenta del Club Innovación y directora general de FEBF, destacó la jornada como un espacio de aprendizaje continuo. Subrayó la importancia de conectar lenguajes distintos, poniendo como ejemplo iniciativas de innovación abierta entre la Fundación de Estudios Bursátiles y Financieros y la Universitat Politècnica de València, donde se han unido perfiles financieros y tecnológicos. Defendió que innovar es leer el futuro, y que durante la jornada se había producido precisamente ese ejercicio: anticipar lo que viene desde sectores y miradas diferentes.
Juan José Cortés, director general de Innovación de la Generalitat Valenciana, cerró la jornada felicitando a ponentes y organización, y recuperando varias ideas escuchadas durante la mañana. Destacó la visión de Sanitas sobre el paso de curar enfermedades a prevenirlas, la inmediatez planteada por Juan Manuel Baixauli en turismo y viajes, y la importancia de llevar la innovación antes al cliente. Señaló que la tecnología es una palanca, pero una palanca que necesita personas, enfoque humanista y aprendizaje colectivo del ecosistema.
La presentadora cerró el Congreso recuperando la metáfora inicial del bambú: las empresas antifrágiles no son las que tienen todas las respuestas, sino las que se hacen las mejores preguntas. Organizaciones flexibles para curvarse con el viento, pero suficientemente fuertes para convertirse en andamios.

Conclusión general
El XVII Congreso de Innovación de la Comunitat Valenciana dejó una conclusión transversal: la innovación ya no puede entenderse como una actividad aislada, ni como un departamento, ni como una tecnología concreta. Innovar es aprender a vivir en cambio permanente.
La inteligencia artificial fue uno de los grandes ejes de la jornada, pero no se abordó como una moda. Se analizó desde la economía global, desde la geopolítica, desde la empresa, desde los datos, desde la productividad, desde la salud, desde la industria, desde los servicios y desde la universidad. La IA apareció como una herramienta poderosa, pero condicionada por la calidad de los datos, la capacidad de adopción, la confianza, la regulación, el talento y el propósito.
Las mesas sectoriales mostraron que la innovación adopta formas muy distintas: en servicios, escucha y experiencia; en industria, adaptación y productividad; en tecnología, procesos, talento, salud y conocimiento; en la clausura, propósito, confianza y colaboración.
La gran idea final es que las organizaciones antifrágiles no son las que evitan el cambio, sino las que lo convierten en aprendizaje. No son las que más tecnología acumulan, sino las que mejor la integran. No son las que trabajan solas, sino las que colaboran en red. No son las que solo resisten, sino las que salen mejores de cada transformación.
En ese sentido, el Congreso no solo fue una jornada de reflexión sobre innovación, sino un ejemplo práctico de innovación colectiva: empresas, universidades, administración, asociaciones, medios, salud, industria, banca, tecnología y servicios compartiendo experiencias para construir un ecosistema valenciano más competitivo, más humano y más preparado para el futuro.